El abogado que eligió usted para el
contencioso que interpuse por la injusta sanción que me impuso
usted, José Arturo Pérez Moreno, pretende, al oponerse a la
ejecución provisional de la sentencia, que la plaza de funcionario
que obtuve en concurso público ya no existe ni está dotada y habría
que crear un puesto provisional, condicionado a las necesidades de
nuestra docta universidad. Según él, esa reincorporación
provisional no es posible porque no hay un puesto vacante de profesor
de estudios árabes en la UAL. Afirma, con mala fe procesal, que
“actualmente no existe una plaza vacante de profesor de árabe
dotada económicamente” y añade que tendrían que solicitar
autorización de la Comunidad Autónoma para dotarla, con “un
perjuicio gravísimo para la UAL, con evidente daño al interés
público representado por ella”.
Se le olvida decir que, con la
connivencia de usted y de las profesoras del área, han reducido la
docencia, eliminando una asignatura como “Claves del Mundo Árabe
Moderno”. Además, confunde el Sr. Pérez Moreno la suspensión de
funciones con la separación del servicio, que es lo que pretende,
pero que no tiene potestad para aplicarla.
Él ya insinuó en el juicio que no
sabía yo cuál era la función de un abogado e imagino que se
referiría a aquello que dicen los propios abogados de que la ética
se debe dejar fuera del juzgado.
¿Comparte usted, Don Carmelo, lo que
dice el abogado elegido por usted para representarlo? ¿Le ha dado
usted el visto bueno a tamañas tergiversaciones con el objetivo de
eliminarme de la Universidad de Almería?
Me consta que comparte, al menos,
algunas de las mentiras que dice el Sr. Pérez Moreno, como que yo
alteré el servicio docente para, por ejemplo, no permitir que a
alumnos que plagiaban se les premiara. Es lo que usted hizo,
premiarlos y ser permisivo con el plagio, sancionando a quien quería
ejercer con honestidad y profesionalidad su vocación. ¡Vaya sentido
de la docencia que tiene usted!
Además, la formación de los alumnos en relación con la época andalusí, una de mis especialidades, parece serle indiferente, con las consecuencias que tiene de diversas formas, como la de que los licenciados que se dedican a la arquología de urgencia hayan tenido que formarse al margen de la Universidad de Almería, o que tuvieran que venir de la Universidad de Málaga primero y ahora de la de Granada para estudiar los yacimientos de la provincia de Almería, para sonrojo de la universidad que usted dirige.
Nunca Don Pedro Molina, su predecesor
en el cargo y aquel al que ambos criticábamos, se atrevió a poner
en duda mi labor docente, lo que usted sí ha hecho, de forma vil y
despreciable. Y él no tardó en reincorporarme cuando el TSJA me
concedió la suspensión cautelar de su sanción, sin recurrir a
artimañas de que la plaza ya había desaparecido.
Usted sabe que no debía haber sido
juez siendo parte al sancionarme, pues así lo entendió cuando
retiró el recurso que interpuso Pedro Molina contra la sentencia que
anulaba su injusta sanción. Lo sabe cualquier persona con dos dedos
de luces: el partido no lo puede arbitrar un miembro de uno de los
equipos. Se ha de ser imparcial. Conoce usted que la doctrina del
Tribunal Supremo es clara y contundente y, pese a ello, decide
recurrir la sentencia que me da la razón y anula su injusta sanción
y se opone usted a que se ejecute la sentencia, aunque sea
provisionalmente. Quizás ponga toda la resistencia posible a mi
reincorporación, que debería de hacer efectiva con presteza, dado que ya lo ha dictaminado el juzgado.
Ojalá los jueces decidan ponerlo en
el lugar que merece. Estos se quejan de que la justicia está
colapsada, pero claro, si no son contundentes en sus sentencias y no
hacen que realmente quien la haga la pague, es comprensible que se
les acumule el trabajo y se les complique. Yo, sin duda alguna, voy a
trabajar para que así sea y reciba usted la lección que debía
tener ya aprendida. No todo vale y tarde o temprano las facturas
llegan y hay que abonarlas. Y, como decía Avempace, "no hay
mayor felicidad que la tranquilidad de conciencia".